Se encuentran a 40 años luz de nosotros, en el sistema estelar TRAPPIST-1

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Tienen el tamaño y la temperatura idóneos para albergar vida y se encuentran a solo 40 años luz de la Tierra. Son los tres planetas más parecidos al nuestro y los descubrieron el pasado mes de mayo científicos del Instituto de Tecnología de Massachusetts (el MIT, en EEUU) y de la Universidad de Lieja (Bélgica), entre otros. La novedad es que ahora se sabe que dos de ellos son de naturaleza rocosa y que, además, sus atmósferas no son grandes y difusas sino compactas y similares a la de la Tierra. Estos hallazgos, que publica la revista Nature, multiplican las posibilidades de que puedan ser habitables.

Dos ‘gemelos’ de la Tierra, por tanto, pero quizá no los únicos. “El telescopio Kepler ha detectado otros planetas que tienen el tamaño y la temperatura terrestres, pero están muy lejos de nosotros para ser estudiados en detalle”, cuenta a EL MUNDO Julien de Wit, del departamento de Ciencias Planetarias, Atmosféricas y de la Tierra del MIT y autor principal del estudio. Así las cosas, no se puede afirmar que estos dos sean los planetas más similares al nuestro de cuantos se conocen.

Rafael Bachiller, director del Observatorio Astronómico Nacional y académico de la Real Academia de Doctores de España, se muestra precavido a la hora de utilizar el calificativo de gemelos: “Antes de echar las campanas al vuelo debemos obtener espectros más detallados de sus atmósferas que puedan ser cotejados con el espectro de la atmósfera terrestre”. Se desconoce asimismo qué formas de vida podrían llegar a desarrollarse sobre estos astros, pero De Wit sí adelanta que será posible responder a esta pregunta con la tecnología que se desarrolle en los próximos 25 años. En cualquier caso, Jesús Martínez-Frías, jefe del Grupo de Investigación del CSIC de Meteoritos y Geociencias Planetarias en el Instituto de Geociencias, advierte de la importancia de “diferenciar los conceptos de habitabilidad y vida: un planeta puede o pudo tener las condiciones para albergar vida pero no haberse desarrollado”, aunque no descarta la posibilidad de encontrarla en un futuro “teniendo en cuenta los millones y millones de galaxias con miles de millones de estrellas y billones de planetas” que existen en el universo.

Una nueva mirada al espacio

1Los candidatos a dobles de la Tierra forman parte del sistema estelar bautizado como TRAPPIST-1. Su estrella es una enana ultrafría, mucho más que el Sol, y emite radiación infrarroja en lugar de luz visible. A los investigadores de la Universidad de Lieja se les ocurrió buscar planetas en torno a este tipo de estrellas porque su señal luminosa es más débil que la de otras estrellas y no nos deslumbra tanto como para que no podamos distinguir los cuerpos que las orbitan. “Es más fácil detectar pequeños planetas rocosos en torno a estrellas pequeñas, pues el efecto que causa uno de estos planetas sobre su estrella -por ejemplo un pequeño bamboleo- es inapreciable cuando la estrella es demasiado grande y masiva, pero mucho más evidente cuando la estrella es pequeña y de baja masa”, explica Bachiller. “Estas estrellas son realmente diferentes y no habíamos detectado planetas a su alrededor hasta el año pasado”, añade De Wit.

También es nueva la metodología para acercarse a ellas. De hecho, el descubrimiento del sistema planetario TRAPPIST-1 se llevó a cabo con el telescopio TRAPPIST (TRAnsiting Planets and PlanetesImals Small Telescope), un nuevo tipo de instrumento que permite explorar el cielo en el espectro infrarrojo con el fin de obtener información de las 70 estrellas enanas más brillantes del firmamento austral. Ahora la investigación da un paso más: con la creación del consorcio SPECULOOS (Search for habitable Planets Eclipsing ULtra-cOOl Stars) se pretenden construir cuatro versiones más grandes del citado telescopio en Chile. Además, los investigadores buscan recaudar fondos para construir telescopios en el hemisferio norte. “Cada telescopio cuesta unos 400.000 dólares, como el precio de un apartamento en Cambridge (EEUU)”, pone De Wit como ejemplo.

Con más telescopios inspirados en la misma filosofía que TRAPPIST, se podrían identificar nuevos planetas candidatos a ser habitables y, después, analizarlos en mayor detalle gracias a otros como el Hubble o nuevo el James Webb (JWST) -también de la NASA-. “El Hubble se nos queda pequeño para examinar Tierras en otros sistemas planetarios. Necesitamos el telescopio espacial JWST, el sucesor del Hubble, que se lanzará en el año 2018 y que tiene un espejo mucho mayor (6,5 metros de diámetro frente a los 2,4 metros del Hubble)”, comenta Bachiller. Con este planteamiento, “podemos saber no sólo qué tipo de atmósfera tienen planetas similares a los de TRAPPIST-1 sino, además, qué hay en ellas. Y eso es muy emocionante”, concluye De Wit.

En el lugar justo y en el momento adecuado

123Para analizar con más detalle el sistema TRAPPIST-1, los investigadores recurrieron al telescopio espacial Hubble de la NASA y se sirvieron de un evento astronómico tan especial como poco frecuente: un doble tránsito. Este fenómeno se produce cuando, desde el punto del observador, dos planetas pasan por delante de su estrella casi en el mismo instante. Eso hizo posible analizar las atmósferas de esos dos planetas de un solo vistazo porque, al atravesarlas, la longitud de onda de la luz que emite su estrella sufre cambios que se pueden medir. Al no observar grandes variaciones en esa magnitud, se concluye que poseen atmósferas compactas, típicas de los planetas rocosos. De ahí la mayor probabilidad de encontrar vida. Aunque “eso no significa que no pueda existir vida en un objeto gaseoso ya que sabemos que hay microorganismos terrestres que así lo confirman, en nuestra atmósfera. Sin embargo, ha sido en un planeta rocoso y geodinámicamente activo donde se ha desarrollado la vida y esto es, por el momento, el mejor modelo del que disponemos”, recuerda Martínez-Frías.

“Ahora la cuestión es, ¿qué clase de atmósfera tienen?”, se pregunta De Wit. Aunque ya aventura algunas opciones: “Los escenarios posibles incluyen algo parecido a Venus -donde la atmósfera está formada sobre todo por dióxido de carbono-, una similar a la de la Tierra -con grandes nubes-, o incluso algo parecido a Marte -con una atmósfera empobrecida-“. Aún no se sabe pero, para este investigador, ahí está la magia de la ciencia: “Estamos constantemente en nuevos territorios; esto es pura exploración. Es realmente emocionante porque está pasando ahora”.

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