El inusual calentamiento del Polo Norte, con temperaturas 20 grados más altas de lo habitual a estas alturas del año, puede acelerar el cambio climático y tener efectos catastróficos en todo el planeta, según advierten los expertos.

El Informe sobre la Resiliencia del Ártico asegura que lo ocurrido este otoño no tiene precedentes y puede disparar hasta 19 “puntos de inflexión” del clima desde la tundra de Siberia al Océano Índico.

Las temperaturas que a estas alturas del año suelen descender hasta los 25 grados bajo cero se han quedado en los 5 bajo cero en zonas como el Mar de Kara (por encima de Siberia) donde la capa de hielo no ha llegado a cuajar, al igual que en el Mar de Barents (entre Rusia y Noruega), en el archipiélago de Svalbard o en el estrecho de Bering.

La superficie helada en el Ártico ha fijado de hecho un mínimo histórico para el mes de octubre (6,4 millones de kilómetros cuadrados), por debajo incluso del alcanzado por esas mismas fechas en el 2012, cuando se dispararon las alarmas por el derretimiento del Ártico.

2Los expertos advierten que el hielo se ha seguido contrayendo en las fechas en la que supone que debería haber empezado a expandirse después del verano. “Las señales son cada vez más poderosas”, reconoce Marcus Carson, del Instituto de Medio Ambiente de Estocolmo, que apadrina el informe.

“Lo que está ocurriendo hace que nos acerquemos a los puntos de inflexión que pueden multiplicar los efectos del cambio climático, y hacer que sean potencialmente irreversibles”.

Uno de los primeros impactos puede ser el calentamiento de la tundra y la liberación “natural” de grandes cantidades de metano, un gas cuyo efecto invernadero es hasta 20 veces más potente que el CO2.

El deshielo de la tundra puede suponer también la sustitución prematura del manto blanco por el crecimiento de vegetación oscura que absorbe más calor. Los bancos de pesca en el Ártico se pueden ver gravemente alterados, así como todos los ecosistemas septentrionales.

La contracción de la capa de hielo puede contribuir al calentamiento de los océanos y a una alteración de los cambios estacionales hasta el sureste de Asia, con la anticipación de la época del monzón.

“Los efectos potenciales de los cambios en el Ártico en el resto del mundo son muy sustanciales y poco entendidos hasta la fecha”, advierte el informe. “El cambio climático causado por el hombre aumenta grandemente esos riesgos, por lo cual es urgente reducir las emisiones de gases invernadero”.

“Las temperaturas que se han alcanzado este otoño en el ártico son extraordinariamente altas y nunca había pasado nada igual”, advierte la climatóloga Jennifer Francis, de la Universidad de Rutgers, en declaraciones al Financial Times. “El sistema del clima está cambiando muy rápidamente.

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Lo que estamos viendo es una reducción en la drástica diferencia de temperaturas entre al Ártico y las regiones más al sur”. Según Francis, las corrientes de aire templado -a unos 10 kilómetros sobre la superficie terrestre- que tradicionalmente han actuado como “barrera” entre las regiones polares y otras latitudes, han sido capaces de penetrar más al norte y contribuir al calentamiento que estamos presenciando.

“Esperemos que quien no creyera en este problema pueda ver lo que está pasando y se dé cuenta de que estamos ante algo realmente serio”, asegura Jennifer Francis, en referencia al presidente electo Donald Trump y su referencia al cambio climático como “un cuento chino”.

Por primera vez, Trump ha reconocido esta semana que puede haber “alguna conexión” entre el cambio climático y la acción humana. El presidente electo asegura ahora que examinará el Acuerdo de París con “una mente abierta”, antes de decidir si da marcha atrás. Sus asesores han anticipado sin embargo un “hachazo” a la división de Ciencias de la Tierra de la NASA, para consagrar todos sus esfuerzos en la exploración espacial.

El director del Instituto Goddard de la NASA, Gavin Schmidt, ha pedido entre tanto al presidente electo que admita la evidencia del cambio climático y ha amenazado con una dimisión en cadena de científicos si persiste en el negacionismo. “Lo que está ocurriendo en el planeta es algo sin pececentes en los últimos mil años”, asegura Schmidt, director del Instituto Goddard de la NASA. “No ha habido ningún período en el que pueda observarse una tendencia como la experimentada en las últimas tres décadas”.

Las noticias sobre el Ártico llegan a la pocos días de las proyecciones de la Organización Meteorológica Mundial que apuntan al 2016 como el año más cálido jamás registrado, con un aumento de las temperaturas de 1,2 grados con respecto a la era preindustrial (peligrosamente cerca ya del primer “techo” de 1,5 grados fijado por el Acuerdo de París).

De confirmarse la proyección, los 16 años del siglo XXI figurarán ya entre los 17 más cálidos. “Parece como si la madre naturaleza hiciera un pronunciamiento”, asegura el climatólogo Michael Mann de la Penn State University. “Junto cuando uno de los grandes emisores mundiales ha elegido como presidente a un negacionista que amenaza con sacarnos del Acuerdo de París, la naturaleza se reserva la última palabra.

Estamos ante un problema cuya solución no se puede posponer de año en año: la rapidez con la actuemos es clave, porque los impactos serán mayores y vendrán más pronto de lo que se ha anticipado”.

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