El naufragio del Titanic ocurrió hace más de cien años, y aún hoy se sigue investigando. Existe una teoría que asegura que el barco no habría zozobrado tras chocar con el iceberg de no ser por el incendio que hubo a bordo. Un investigador aporta nuevos datos que sostienen esa hipótesis.

Espera, ¿incendio a bordo? Sí. El Titanic sufrió un aparatoso incendio en su sala de calderas poco después de salir del puerto de Southampton en su viaje inaugural. El incidente está registrado en multitud de libros y confirmado por la propia Sociedad Británica del Titanic.

En algún momento durante las pruebas de las calderas en el puerto de Southampton, se declaró un fuego en uno de los depósitos de carbón, el Búnker número 6. Por lo que se sabe, la tripulación tardó varios días en apagar las llamas. Primero hubo que extraer todo el carbón que aún no se había prendido. En otras palabras, el barco zarpó de su viaje inaugural con un incendio a bordo, algo que hoy en día probablemente haría enarcar más de una ceja.

Según David Hill, antiguo secretario de la Sociedad Británica del Titanic, el barco zarpó el miércoles 10 de abril de 1912, y el incendio no se pudo controlar hasta el sábado 14. La noche de ese mismo día tuvo lugar el impacto con el iceberg.
La historia del incendio no es nueva, pero el periodista e investigador irlandés Senan Molony cree que el fuego jugó un papel crucial en el naufragio porque su duración y virulencia debilitó el acero del casco. “El barco nunca debió haber zarpado” explica Molony al New York Times. “Esta no es una simple historia de un barco que chocó con un iceberg y se hundió. Es una tormenta perfecta de factores que incluyen fuego, hielo y negligencia criminal”.

Según expertos en metalurgia consultados por Molony, un incendio semejante pudo alcanzar fácilmente temperaturas de más de 1.000 grados Celsius. No es suficiente para fundir el acero, y mucho menos dentro del agua, pero si para debilitar su resistencia estructural hasta en un 75%. La suerte quiso que la zona del casco cerca del búnker 9 fue precisamente donde impactó el iceberg que destrozó el casco y abrió la vía de agua que sentenció a muerte el barco.

El problema de esta hipótesis es que no se sostiene sobre análisis reales del casco del barco. Tan solo se basa en los escasos datos de que disponemos sobre el incendio y en una serie de fotografías que no habían salido a la luz y que muestran manchas oscuras en la zona del casco correspondiente al búnker 9.

En 2004, el Ingeniero aeroespacial de la Universidad del estado de Ohio Robert Essenhigh apuntó un dato adicional sobre la catástrofe. Los marineros que extraían a toda prisa el carbón del búnker incendiado lo volcaron en calderas, lo que probablemente aumento la velocidad del buque y dificultó la maniobra para evitar el choque.

La historia del incendio va acumulando evidencias, pero puede que nunca pueda darse por buena. Es solo un ejemplo más de la fascinación que nos provoca la catástrofe marítima más tristemente conocida de la historia.