Uno de los misterios arqueológicos más fascinantes es el descubrimiento de la llamada piedra de Cochno. Descubierta en 1887 por James Harvey, la Piedra de Cochno está considerada uno de los mejores conjuntos de petroglifos de Europa.

La razón es que contiene más de 90 marcas de cazoleta y anillo, motivos geométricos, espirales, huellas humanas y grabados con diferentes patrones datados en la Edad del Bronce, con unos 5.000 años de antigüedad.

Se encuentra en Auchnacraig, en el municipio escocés de West Dunbartonshire, pero no vayan a buscarla porque no la verán. Se encuentra enterrada para protegerla de la erosión y de cualquier otra potencial amenaza.

Tan solo fue posible contemplarla durante los trabajos de análisis que se realizaron en 2015 durante tres días, y posteriormente a finales de 2016 mientras se realizaba el escaneado y digitalización de las marcas. En esta última ocasión hubo que recurrir a la ayuda de los bomberos para la limpieza, lo que reveló la presencia de grafitis modernos en su superficie.

La piedra de Cochno mide 13 metros de largo por 8 de ancho y la abundancia de petroglifos hizo que surgieran diferentes teorías sobre su posible uso o significado. Algunas apuntan a que podría ser un mapa de los asentamientos de los alrededores, otras a motivos ceremoniales y religiosos, y no faltan los que quieren ver una función astronómica y, por supuesto, quienes apuntan a cuestiones menos científicas.

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Pero el caso es que no se sabe exactamente para que servía, como la mayoría de este tipo de arte prehistórico que se encuentra sobre todo en la Europa atlántica (Inglaterra, Escocia, Irlanda, Bretaña, Galicia y Portugal), pero también en otras partes del mundo como India o Israel.

Generalmente los petroglifos consisten en una pequeña depresión interior de unos pocos centímetros de ancho (la cazoleta) excavada en la piedra, a la que rodean círculos o anillos concéntricos, y a veces espirales. En ocasiones aparece también un pequeño canal que atraviesa los anillos partiendo de la cazoleta hacia el exterior del petroglifo.

Desde su descubrimiento en 1887 y hasta 1964 la piedra de Cochno permaneció en su lugar original, pero en este último año los arqueólogos de la Universidad de Glasgow recomendaron que fuera enterrada a varios metros de profundidad. Así se hizo, aunque no faltan las opiniones críticas de historiadores e investigadores, que creen que debería estar a la vista, facilitando así su examen.

Aparte de los daños sufridos por la piedra (hay grafitis que datan incluso de pocos años después de su descubrimiento), en los años 30 el arqueólogo Ludovic Maclellan Mann pintó sobre ella líneas con las que intentaba tomar medidas del objeto para comprobar si tenía una función astronómica. Al final Mann no sacó nada en claro, pero las líneas todavía son visibles hoy en día.

En el video se puede ver como los arqueólogos de la Universidad de Glasgow desenterraron la piedra Cochno en 2016.