La Glándula Pineal, algunos le llaman el tercer Ojo otros le dicen el Ojo de Horus, también es conocida como «el ojo interior». Se sabe que esta pequeña protuberancia en el interior de la base de nuestro cerebro, pose la capacidad de darnos habilidades sensoriales extraordinarias, como la intuición y la conexión dimensional o espiritual con el «todo».

Si bien la ciencia aun no tiene una postura muy clara y definida en cuanto a esta misteriosa glándula, se conoce desde tiempos ancestrales que la glándula tiene una estrecha conexión con el cuerpo, el alma y el espíritu.

¿Pero de quién o quienes hederemos esa sabiduría? ¿Por qué se nos oculta la verdad? Si tienes algo de información sobre los Iluminatis, podrás reconocer automáticamente el ojo de Horus y toda la simbología que hoy existe tanto en los billetes, el cine, televisión, monumentos y la música. Lo curioso es que este símbolo fue representado hace miles de años atrás por los antiguos egipcios en sus pinturas.

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¿Fue la mayor enseñanza que los extraterrestres nos dejaron? Las pruebas de que existió un vínculo entre la antigua civilización egipcia y una raza avanzada alienígena son prácticamente irrefutables, se sabe que los egipcios fueron ayudados a desarrollar tecnología y dominar muchas técnicas que hoy incluso utilizamos. A continuación les dejamos algunas imágenes que hablan por si solas.

¿El conocimiento sobre la glándula pineal, pudo haber sido una enseñanza heredada de comunicación con otras civilizaciones? La sabiduría que actualmente existe no es muy difundida pero dice que esta glándula tiene la capacidad de ser estimulada y “refinada” para recibir información multidimensional y poder establecer contacto con otros planos de la realidad, el desarrollo de un nuevo sentido, así como la vista, el tacto, el gusto etc. ¿Podría explicar esto las habilidades psíquicas de algunas personas?

Dicen los expertos que activar nuestra glándula pineal nos reportará enormes beneficios y nos abrirá a nuevas posibilidades. Entre ellas, quizá lo más destacable sea la «apertura» o conexión con nuestra esencia divina, nuestra energía universal. Los que han pasado por esta experiencia aseguran que cuando activamos nuestra glándula pineal, somos conscientes de que somos energía viviendo una experiencia humana y estamos hechos a imagen y semejanza de un arquetipo que contiene toda la percepción, por eso nos pasamos la vida buscando esa percepción en todo lo que hacemos, pues no hacemos más que buscar lo que ya conocemos o intuimos. Estamos aprendiendo a crear con amor, mientras encontramos nuestro camino de regreso a casa.

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La activación también viene acompañada de un sentimiento de comunión universal, una sensación de felicidad, positividad, alegría y bienestar permanente. Mantiene a raya los radicales libres, por lo que las enfermedades remiten. Incluso se han dado casos de sanación de enfermedades graves, como cánceres

Otros beneficios que comporta es el sentirnos más equilibrados con nosotros mismos; el llevarnos a vivir en el aquí y el ahora, enfocándonos en lo positivo y en la gratitud, en vez de en la carencia. Los dos hemisferios cerebrales se conectan; la sensación de estrés se reduce notablemente. Entramos en la percepción cuántica del mundo, por lo que se puede decir que vemos las cosas «con otros ojos». Por último, también se consigue el desarrollo de la percepción y las facultades extrasensoriales.

Ahora cabe preguntarse: ¿cómo podemos activar nuestra glándula pineal? En prácticamente todas las regiones del mundo podemos encontrar seminarios y talleres donde nos enseñarán cómo hacerlo. La técnica se basa fundamentalmente en una serie de meditaciones y visualizaciones guiadas. Normalmente en un fin de semana se puede llevar a cabo, pero luego tenemos que seguir una disciplina de ejercicios en casa. Uno de los métodos más conocidos es el método Cyclopea de la mexicana Fresia Castro, basado en un conglomerado de conocimientos de culturas ancestrales.