Ahora sabemos que existe una multitud de objetos estelares conocidos y desconocidos que viajan por el Sistema Solar. Algunos de estos asteroides y cometas tienen trayectorias bien definidas en su paso por la cercanía de nuestro planeta.

Así, la Tierra se ve asediada por una multitud de estos cuerpos estelares a lo largo del año. Algunos meteoritos llegan a caer en la superficie terrestre, y son generalmente pequeños.

En tanto que los cuerpos estelares más grandes, pasan rozando y se alejan, para, de nuevo, regresar como lo tengan previsto en sus trayectorias, la que puede ser de meses o años, e incluso puedan perderse en algún momento de su viaje.

Pero ahora imagina un cuerpo estelar que ha viajado miles de millones de años en su camino orbital. Se podría pensar que este asteroide, como miles o quizás más que están dentro del ambiente del sistema solar, hubiera sido utilizado por alguna civilización extraterrestre con algún fin.

Que hubiera sido parte de alguna explotación para extraer sus minerales más valiosos. O que te parece que estos hubieran servido de bases extraterrestres.

Imagina si no lo hubieran hecho. De qué forma se hubieran protegido del vacío espacial, mientras realizaban sus labores. Pero que abandonaron construcciones en su superficie, dejando todo sin importar que, en el futuro, otras civilizaciones pudiesen hallarlas.

O también pudiera pensarse que las usaron, como nosotros usamos parte de terrenos terrestres para depositar nuestros desechos, una alternativa para dejar su basura.

En todo caso, los grandes asteroides pueden ser, valga la expresión, acechados y perseguidos como ahora lo está haciendo la NASA con Bennu a través del envió de la sonda Osiris-Rex para la investigación de su superficie, y por supuesto para la extracción de muestras de su interior.

Sabemos que Bennu es un asteroide de unos 500 metros de diámetro. Es rico en carbón, además de que no cambió desde su formación hace unos 4.000 millones de años. Puede contener, en su interior, moléculas orgánicas, volátiles y aminoácidos que pueden haber sido los precursores de la vida en el planeta.

Su acercamiento máximo al Sol queda por el interior de la órbita de la Tierra y su alejamiento máximo llega casi hasta Marte. Así que el asteroide Bennu entra en la clasificación Apolo2, cuya órbita están en las inmediaciones de la Tierra.

Se desplaza a más de 100.000 kilómetros por hora y se acerca cada seis años a la Tierra. Según la NASA, Bennu no intercepta la órbita terrestre debido a está en otro plano sideral. Por lo que tendría que haber una fuerte desviación para que pudiese chocar con la Tierra.

Fue seleccionado por esta agencia, para ser visitado por la sonda espacial OSIRIS-Rex, que fue lanzada el 8 de septiembre de 2016.

La sonda llegó al asteroide en 2018, y ahora mismo lo cartografía y analiza. En julio de 2020, empezará la recolección de muestras por medio de un brazo retráctil que alcanzará la superficie del asteroide.

El brazo de la sonda tocará la superficie y eyectará un chorro de nitrógeno gaseoso para arrastrar porciones de regolito que serán capturadas por un filtro y guardadas dentro de la Cápsula de Retorno de Muestras.

Emprenderá, en marzo de 2021, el viaje de regreso a la Tierra, y prevista su llegada para el 24 de septiembre de 2023. Como asegura Jeffrey Grossman, uno de los científicos que participan en el programa de la sonda, “Vamos a aprender mucho sobre el Sistema Solar”..

¿Qué opinas al respecto? mira el siguiente video para tener más información, y déjanos tu comentario más abajo.

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