Cada año centenares de países y millones de personas se unen a la iniciativa de WWF, la Hora del Planeta, que celebra hoy su duodécima edición.

La ‘ Hora del Planeta’, impulsada por WWF, la mayor organización conservacionista internacional, nació en 2007 en Sidney, como no podía ser de otra manera, pues Australia es uno de los países más ‘verdes’ y sostenibles del mundo debido a que tiene algunas de las políticas de conservación más sólidas y avanzadas.

La iniciativa empezó su andadura como un gesto simbólico de la lucha contra el cambio climático, pero se ha convertido en un movimiento global a gran escala al que se suman cada año cientos de países y millones de personas.

Con motivo de la celebración de la convocatoria, los ciudadanos apagan durante una hora las luces de sus casas, mientras que los ayuntamientos lo hacen con las de las calles y monumentos emblemáticos para frenar la que se ha convertido en la mayor preocupación de la especie humana.

La ‘Hora del Planeta’, que celebra este sábado 30 de marzo su duodécima edición, ha ido cosechando cada vez más éxitos y reitera este año la necesidad de concienciar a la sociedad sobre la fragilidad del medio ambiente y frenar la degradación de la naturaleza. ¿Cómo? Actuando de forma individual para lograr un cambio global a la altura del daño hecho hasta ahora.

Y es que, según el último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), un incremento de entre 1,5 y 2 grados centígrados –que podría alcanzarse en pocas décadas de no reducirse las emisiones de dióxido de carbono actuales- tendría efectos muy negativos tanto sobre los ecosistemas como sobre la salud humana.

Pero esto no parece preocuparnos excesivamente, pues ya pocos se acuerdan del Acuerdo de París de 2016, un pacto histórico para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y luchar contra el cambio climático. En concreto, el acuerdo, firmado por 195 países, persigue un objetivo muy claro: que la temperatura global no aumente más de dos grados centígrados para evitar así las consecuencias más catastróficas del cambio climático.

A modo de ejemplo, un aumento de 3 grados centígrados sería suficiente para descongelar las grandes áreas de permafrost del planeta, algo que haría aumentar aún más la temperatura al desaparecer el efecto del albedo, que es consecuencia de la presencia de superficies heladas que reflejan la radiación solar e impiden que el planeta se caliente en exceso.

Un año después de firmar el acuerdo, Donald Trump retiraba a Estados Unidos del mismo alegando que se trataba de un pacto “debilitante” y “desventajoso”. El Acuerdo de París acababa de perder el apoyo de la nación más poderosa del mundo, si bien, afortunadamente el resto de firmantes no siguieron su misma senda.

Por aquel entonces la ‘Hora del Planeta’ cumplía su primera década y se había convertido en un movimiento imparable, algo que avalan datos como que la huella digital de la iniciativa llegó en 2017 a los 3.500 millones de personas.

En 2018, miles de ciudades de 188 países apagaron la luz de más de 17.000 monumentos y edificios icónicos, un gesto al que en España se sumaron 450 pueblos y ciudades, así como 200 empresas. Entre otros, edificios emblemáticos como la Sagrada Familia o el Arc de Triomf de Barcelona, la Puerta de Alcalá de Madrid, el Palacio de Buckingham de Londres o la Torre Eiffel de Paris apagaron las luces en soporte a la iniciativa de WWF.

Para este 2019, además de animar a los ayuntamientos a reducir el consumo energético durante una hora -de 20.30 horas a 21.30 horas-, la iniciativa de WWF tiene como objetivo convertir la jornada de hoy en un día sin plásticos de un solo uso, combustibles fósiles ni carne. Tres retos mediante los que WWF quiere demostrar que, lo que se puede hacer un día, se puede llevar a cabo todo el año.

Asimismo, con el fin de lograr un éxito mayor, desde WWF instan a los ciudadanos a organizar hoy sus propios eventos o participar en los programados por la propia organización conservacionista, difundir el mensaje y compartirlo en sus redes sociales, pero, sobre todo, a promover la conversación sobre la degradación de la naturaleza para frenar el cambio climático y la preocupante pérdida de biodiversidad.

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