“La metrópolis de Nueva York ha quedado arrasada por un gran asteroide a una velocidad de 19 kilómetros por segundo”.

“La roca había sido detectada ocho años atrás. Ingenieros y científicos trataron de desviarla pero han fallado y el cataclismo ha sido inevitable. La explosión de unos 15 megatones ha sido mil veces superior a la bomba caída sobre Hiroshima. Manhattan ha dejado de existir”.

Este es el resultado, muy poco alentador, es de un importante ejercicio internacional de simulación de impacto de asteroides llevado a cabo por 200 astrónomos, ingenieros y especialistas en emergencias en la Conferencia de Defensa Planetaria celebrada la semana pasada cerca de Washington (EE.UU.).

El ejercicio comenzó el lunes, día 0, con la siguiente alerta inicial: se ha detectado un asteroide de 100 a 300 metros de diámetro a 57 millones de kilómetros de la Tierra que se nos acerca a unos 14 km por segundo. Se le asigna la designación 2019 PDC por el Minor Planet Center, encargado de nombrar los objetos celestes. La probabilidad de impacto es del 1% el 29 de abril de 2027.

Todos los días, los especialistas reciben nueva información, hacen propuestas y esperan las decisiones de los responsables del ejercicio, cuyo escenario ha sido diseñado por Paul Chodas, director del Centro de Estudios de Objetos Cercanos a la Tierra (NEOs) en el Laboratorio de Propulsión a Reacción (JPL) de la NASA en Pasadena, California.

En la simulación, a lo largo de los meses, la probabilidad de que el asteroide se estrelle contra la Tierra aumenta al 10% hasta llegar al 100%. La NASA decide enviar una sonda, en 2021, para observar la amenaza de cerca. En diciembre de 2021, los astrónomos tiene claro que la roca se dirige directamente al área de Denver (Colorado), que será totalmente destruida.

Las principales potencias espaciales (Estados Unidos, Europa, Rusia, China y Japón) deciden construir seis buques «impactadores»: sondas que deben golpear al asteroide para desviar su trayectoria. La fabricación lleva tiempo, las órbitas deben coordinarse y no se esperan impactos hasta agosto de 2024.

Tres impactadores logran golpear el asteroide. Pero una pieza de 60 metros sale disparada y continúa acercándose hacia la Tierra a gran velocidad. Estados Unidos planea enviar una misión final con una carga nuclear para ayudar a desviar la roca (lo que salvó la ciudad de Tokio el año pasado en otra simulación similar), pero los desacuerdos políticos detienen el proyecto. Solo se puede esperar.

Seis meses antes al día del cataclismo, queda definida la zona de impacto: el área de Nueva York. Dos meses antes, los astrónomos están seguros: el megabólido destruirá la ciudad. Y aciertan. Una gran bola de fuego cae de lleno sobre Central Park. La devastación es total en el área de Manhattan. Los barrios de alrededor sufren el colapso de grandes edificios y otros daños estructurales.

Paul Chodas ha hecho hincapié en que nadie en la conferencia cree que este escenario se va desarrollar exactamente de esta manera en la vida real. Lo más probable es que cualquier asteroide que se dirija hacia un punto de impacto en la Tierra termine en un océano. Pero el ejercicio intenta prever la peor situación, «por si acaso».

«Necesitamos desafiarnos a nosotros mismos y hacer las preguntas difíciles», afirma el investigador. «No aprendes nada si no estudias el peor caso posible cada día». ¿Qué opinas? Mira el siguiente video y déjanos tu comentario más abajo.

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