Extraterrestres. Portales a otras dimensiones. Cambios en el espacio-tiempo. El mito sobre el Triángulo de las Bermudas ha provocado todo tipo de elucubraciones paranormales para intentar explicar por qué han desaparecido tantos aviones y barcos en esa zona del Océano Atlántico.

Los más incrédulos apuntan a la lógica, errores humanos y fenómenos climatológicos, y a las matemáticas: es una de las áreas más transitadas del mundo tanto por mar como por aire, la puerta de entrada a gran parte de Estados Unidos, México y el Caribe. Pero los misterios y las teorías quiméricas normalmente gustan más que el sentido común.

La leyenda comenzó en el 5 de diciembre 1945 con un episodio que rescata ahora el periodista español José Antonio Ponseti en la novela Vuelo 19 (Suma de Letras), un recorrido por los misterios que rodearon la desaparición de seis aviones con 27 personas a bordo en unas maniobras aparentemente sencillas en la costa de Florida.

Cerca de 300 aviones y más de treinta barcos participaron en las labores de búsqueda en los días siguientes, pero no se encontró nada: ni cadáveres ni restos de fuselajes ni una mísera prueba. Los informes elaborados por los responsables explicaron lo ocurrido en base a errores humanos y las malas condiciones meteorológicas.

Sin embargo, todavía hoy, casi 75 años después, hay más de un cabo suelto. El principal y el que llevó a Ponseti a adentrarse en estos lodazales fue un telegrama que recibió la familia de George Paonessa, uno de los tripulantes, 20 días después de la desaparición. “Te han informado mal sobre mí. Estoy muy vivo. Georgie”, decía la misiva enviada al hermano a través de la Western Union.

Ese telegrama existió y fue enviado desde Jacksonville, en Florida. Aunque muchos lo tomaron en su momento como una broma de mal gusto, es el punto del que parte Ponseti para tejer la novela, una mezcla de realidad y ficción. “El 80 por ciento de la novela es realidad”, asegura el periodista, una de las voces más conocidas de la Cadena Ser.

La Segunda Guerra Mundial acababa de terminar, pero el Ejército de Estados Unidos seguía realizando prácticas rutinarias. El 5 de diciembre de 1945 cinco aviones TBM Avenger partieron desde la base de Fort Lauderdale, pocos kilómetros al norte de Miami, y se adentraron en el Océano Atlántico para unos vuelos rutinarios cerca de las Bahamas.

El líder de la expedición perdió el rumbo en medio de la tormenta y llegó un momento en el que pensaba que estaba sobrevolando los Cayos en vez de las Bahamas, por lo que sus indicaciones lo único que hacían era alejar a la expedición de la base a la que debían regresar.

Los aviones avanzaron por el Atlántico en dirección Este y dos de las naves se amotinaron, creyendo firmemente que el líder estaba equivocado, y se dieron la vuelta en busca de las playas de Florida. Pero las conexiones se perdieron. Es lo último que se supo de los cinco aviones.

Esa misma tarde se puso en marcha el dispositivo de búsqueda y partieron dos aviones a explorar la zona. No solo no encontraron nada, sino que uno de esos dos aviones jamás regresó. Al parecer explotó en el aire durante la misión de rescate. Otro misterio.

Algunas informaciones apuntan a que dos de los primeros aviones desaparecidos llegaron a Florida. Pero la tormenta era tal que los pilotos no supieron ver tierra y acabaron estrellándose en el Parque Nacional de los Everglades, una enorme zona pantanosa en el sur de Florida que hoy en día es un imán para turistas que se acercan a ver a los alligators.

Más de una década después, en 1960, dos amigos que estaban de excursión por los Everglades hallaron un avión con dos cadáveres y avisaron a la Marina. ¿Qué ocurrió con esa investigación? Nadie lo relacionó con el accidente del Vuelo 19.

“La Marina a día de hoy, año 2019, sigue insistiendo en que no tiene suficientes datos para identificar ni a los dos hombres ni el aparato en el que volaban”, escribe Ponseti en las páginas finales de Vuelo 19.

La conclusión a la que llega Ponseti es que hubo errores técnicos y humanos tanto de los pilotos como de la gente que controlaba la misión desde la base. A eso se añadió la dificultad de la tormenta. Sin embargo, el autor cree que hay muchos asuntos que Estados Unidos no ha querido explicar.

El principal es el hallazgo de aquel avión en los Everglades en 1960. Y no sólo por qué no se pudo identificar esos dos cadáveres, sino por qué sólo había dos cuerpos cuando en cada avión viajaban tres soldados. La teoría del autor es que ese tercer hombre era “Georgie”, el autor del telegrama.

También se sabe que ese George Paonessa tiene una tumba en un cementerio de Arlington, en Washington, y que no se sabe quién la ha pagado. La familia y el ejército dicen que ellos no fueron… ¿Qué opinas? Déjanos tu comentario más abajo.

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