Durante este año, se ha advertido de la posibilidad de un terremoto de gran magnitud, y las condiciones están dadas para que este pueda presentarse en cualquier lugar del mundo.

Así, tras un reciente estallido de actividad sísmica a lo largo de la costa oeste de California, los científicos están en alerta. Creen que estos pequeños temblores podrían ser un precursor potencial de algo más grande que pueda venir.

En las últimas semanas, estos pequeños temblores han sido reportados a lo largo de la costa del norte de California, hasta Washington. Se debe al fenómeno llamado “deslizamiento lento” que está sucediendo al norte del Pacífico.

Justo cuando se celebraba el Día de la Independencia, este 4 de julio en California, los Estados Unidos sufrió los efectos de un terremoto de magnitud 6.4. Este movimiento telúrico tuvo su epicentro a 207 km al noroeste de Los Ángeles, y una profundidad de 10.7 km.

Varios usuarios de las redes sociales dijeron sentir réplicas a 225 km de distancia. Según el Servicio Geológico de los Estados Unidos (USGS), el terremoto también se sintió solo a 12 kilómetros, lo que generó cierto descontrol en la población.

Como se recuerda, la última vez que un terremoto de potencia similar azotó el estado de la costa oeste en San Francisco con magnitud 7.8, fue en 1906, y el terremoto de 7.9 en Fort Tejón, California central, en 1857.

Los geólogos aseguran que no pueden predecir cuándo se volverá a repetir. Pero ahora, una sismóloga advirtió que existen posibilidades reales de que “Big One” se produzca en los próximos días.

La reconocida sismóloga Dra. Lucy Jones ha advertido que “El terremoto de 6.4 en la escala de Richter, no hace que el Big One sea menos probable”. Durante una rueda de prensa después del primer terremoto, la Dra. Jones dijo que uno siempre debe estar preparándose para uno más grande.

“Hay una probabilidad aproximadamente entre 20 de que ésta ubicación tenga un terremoto aún mayor en los próximos días”. “Es cierto que esta área será sacudida mucho y algunas de esas réplicas probablemente superarán la magnitud 5”.

Y como fue pronosticado este 4 de julio por la Dra. Jones, hacia la noche, se registró un sismo de magnitud 7.1 grados con epicentro en California, Estados Unidos. Se reportó, a través del servicio o Geológico de Estados Unidos, quien inicialmente lo registró como intensidad 6,9.

El ‘Big One’ es el hipotético terremoto de magnitud 8 o superior que podría ocurrir a lo largo de la falla de San Andrés. Un terremoto de este tipo produciría la devastación para la civilización humana dentro de un radio de 80 a 160 kilómetros del epicentro del mismo, especialmente en áreas urbanas como Palm Springs, Los Ángeles y San Francisco.

Nadie sabe cuándo sucederá el Big One, porque los científicos aún no pueden predecir los terremotos con precisión. Sin embargo, algunos científicos creen que el próxima será al sur de California.

La falla de San Andrés pasa por los tres accesos principales de transporte, energía y servicios públicos de California. Incluso aquellos que sobrevivan al terremoto se encontrarían en peligro.

Los servicios públicos como la electricidad, gas natural, gasolina, teléfonos, y agua serían interrumpidos por días, semanas e incluso meses. Habría un colapso en los servicios médicos y no podrían atender a todas las víctimas.

Estamos avisados de que esto puede ocurrir en cualquier momento, pero no es nada más California, en Estados Unidos con la falla de San Andrés. El cinturón de Fuego ha mostrado una actividad inusitada de sismos y erupciones volcánicas, como hace mucho tiempo no se registraba.

Debemos estar en calma pero también en alerta, ya que puede darse en cualquier lugar del planeta un terremoto de 8 o más de intensidad, como ya ocurrió, en el mes de mayo, en la selva amazónica del Perú y que se sintió en cuatro países más. ¿Qué opinas? Mira el siguiente video y déjanos tu comentario más abajo.

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1 Comentario

  1. Mucho se ha dicho del movimiento de los polos magnéticos por la proximidad de Nibiru a nuestro Sistema Solar, pero aún sin ese detalle, tenemos la realidad de que los casquetes polares se están descongelando pudiendo cambiar el equilibro de fuerzas y un reacomodamiento de las placas tectónicas de manera brusca.

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