En una cumbre que tendrá lugar en diciembre, se espera que la OTAN declare al espacio como un «zona de guerra», parcialmente en respuesta a los nuevos desarrollos tecnológicos.

«Hay un acuerdo de que el espacio exterior —al igual que la tierra, mar, aire y el ciberespacio— debe ser un dominio, y la cumbre de Londres es el mejor lugar para hacerlo oficial», dijo un diplomático de la OTAN a Reuters.

«La decisión de declarar el espacio una nueva frontera defensiva tal vez convenza a Trump de que el tratado puede ser un aliado útil en detrimento de las aspiraciones de China como potencia militar rival».

De confirmarse esta decisión, entre el 3 y el 4 de diciembre sería dado el primer paso para que los miembros de la OTAN usen armas para destruir satélites o misiles enemigos. Pero, ¿cómo podría la tecnología actual permitir una guerra allí afuera?

En primer lugar, Rusia ha lanzado un satélite comercial específicamente diseñado para encuentros con otros satélites. El propósito de esta nave es pacífico: realizar el mantenimiento de otros satélites en órbita.

Y el hecho que compañías comerciales tengan esta capacidad seguramente significa que ya existe en las principales potencias mundiales.

Es decir, si un país o compañía puede maniobrar sus propios satélites en las proximidades de otros, la maniobra puede ser utilizada con propósitos militares o de sabotaje —potencialmente sin ser detectados—.

Otro desarrollo relacionado es el de Francia, que recientemente anunció que construirá satélites armados con ametralladoras o láseres para proteger sus intereses en órbita.

Una reacción esperada del país galo al considerar que poco antes Estados Unidos dio a conocer su intención de crear una Fuerza Espacial —algo para lo cual ya estableció un comando—.

Se espera que otras naciones hagan lo propio también. Todo esto ha llamado la atención de la OTAN. Pero… ¿cómo sería exactamente una zona de guerra en el espacio?

Un método incluye el disparar un rayo intenso de radiación de microondas hacia un objeto. De hecho, dicho concepto ha sido probado antes por la policía para detener automóviles al deshabilitar sus dispositivos electrónicos.

Eso mismo aplicado a satélites constituiría «un arma de energía directa», permitiendo a naciones desactivar los satélites de otros países sin crear grandes cantidades de escombros orbitales. Incluso el ataque podría pasar por accidente fácilmente.

Por otra parte, el uso de radio jamming para interferir con las comunicaciones y el radar data de la Segunda Guerra Mundial. Al cambiar el receptor de radio por ruido, se puede oscurecer la recepción de señales genuinas y sacar a un sistema de operaciones.

Es lo equivalente a tratar de ver la luz de una vela contra la intensa luz emitida por los faros de un coche. Los satélites son probados contra ruido de radio autogenerado antes de ser lanzados.

Pero si un satélite «hostil» cercano deliberadamente transmite intencionalmente hacia el satélite objetivo, entonces sus comunicaciones se interrumpen.

Por mucho, el método más obvio para interferir con un satélite es un proyectil sólido. Los satélites en movimiento tienen una energía cinética y velocidad muy elevadas.

Si un objeto más lento se coloca en su camino, la colisión resultante sería devastadora. También se puede lanzar un misil desde la tierra apuntado a destruir un satélite adversario, aunque sería un ataque demasiado obvio.

Una alternativa más sutil es destruir un satélite propio y producir el suficiente escombro espacial para que se atraviese en la órbita del enemigo.

En cuanto a armas cinéticas en el espacio, las ametralladoras generalmente son problemáticas debido a su retroceso. Si un arma es disparada en un ángulo que no sigue la dirección exacta en la que viaja el satélite, entonces su dirección cambiará en dirección opuesta al retroceso generado por los disparos.

Los láseres también son considerados como armas defensivas, con la idea de ser capaces de destruir los paneles solares del atacante. Sin energía, el satélite enemigo sería incapaz de comunicarse con la estación en tierra y esencialmente se perdería.

El retroceso al disparar un láser es mucho menor y la falta de atmósfera permitiría que tenga mayor efectividad. Asimismo, un láser podría ser utilizado para «cegar» el instrumental de otro satélite.

El uso de armas nucleares y armas de destrucción masiva en el espacio se encuentra actualmente prohibido por el Tratado del Espacio Exterior y el Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares.

Pero no todas las naciones han ratificado el último, por ejemplo Estados Unidos y Corea del Norte. Un pequeño número de pruebas nucleares fueron llevadas a cabo en el espacio en los 1960s.

Los resultados de dichas pruebas generaron cinturones de radiación artificiales alrededor de la Tierra, los cuales fueron detectables por décadas después del evento —representando una amenaza para los astronautas—.

La radiación también desactivó media docena de satélites en la órbita baja. Dado el avance tecnológico, parece importante resaltar que, bajo el Tratado del Espacio Exterior, se supone que el espacio sea utilizado solo para fines pacíficos y sea un dominio para «toda la humanidad».

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