A lo largo de la historia y en numerosas culturas, han aparecido diversas creencias sobre vampiros, tanto en la mitología como en el folclore de pueblos muy diferentes entre sí.

Culturas como la mesopotámica, la judía, y la romana incluyen dentro de su mitología cuentos acerca de entidades demoníacas y espíritus sedientos de sangre que se consideran precursores de los vampiros modernos.

Sin embargo, a pesar de la existencia de mitos acerca de estas criaturas en la antigüedad, el folclore de la entidad que hoy conocemos como «vampiro» se origina casi exclusivamente a partir de principios del siglo XVIII en el sureste de Europa,​ como las tradiciones orales de muchos grupos étnicos de la región han registrado y publicado.

En la mayoría de los casos, los vampiros son seres no muertos malvados, víctimas de suicidio, o brujas, pero también pueden ser creados mediante la posesión de un cadáver por un espíritu malévolo o al ser mordido por un vampiro.

La creencia en tales leyendas fue tan habitual en algunas zonas que se registraron casos de histeria colectiva e incluso de ejecuciones públicas de las personas sospechosas de ser vampiros.

En las historias griegas existen unas figuras parecidas a los vampiros en el sentido de que son criaturas muertas, no-muertas a las que llaman Vrykolakas o brucolacos. A diferencia de la idea de vampiro que tenemos en la actualidad no suelen beber sangre, sino que causan un daño psíquico.

En la antigua Grecia existía la creencia de que los muertos podían reactivarse y quedaban en un estado especial, ni vivos ni muertos, pero con un cierto tipo de existencia. En toda el área de influencia griega se han encontrado tumbas que demuestran estas creencias.

En Chipre, por ejemplo, en tumbas del neolítico se han encontrado restos de entierros que hacen pensar en vampiros, los cuerpos estaban en posición flexionada, en el interior de pozos y sobre la cabeza o el tronco habían piedras de gran peso para que los difuntos no pudieran revivir y convertirse en brucolacos.

En otras tumbas de otros lugares de Grecia, los pies y las manos de los difuntos están cubiertos con trozos de ánforas muy grandes y pesadas con la misma finalidad que en el anterior caso.

Al parecer, estas creencias en los brucolacos perduraron a lo largo de los siglos y fue con la llegada del cristianismo cuando estas creencias fueron criticadas y abandonadas o al menos en apariencia.

Las creencias antiguas, cuentan que para convertirse en brucolacos los difuntos tenían que haber sido sacrílegos, estar excomulgados, ser enterrados en un terreno no consagrado o simplemente haber comido en vida la carne de una oveja que hubiera matado un lobo o un hombre lobo.

Para comprobar si el muerto se había convertido en uno de ellos se abría la tumba y si el cadáver estaba incorrupto e hinchado se consideraba una prueba de la transformación.

Partiendo normalmente del centro y el este de Europa, durante los siglos XVIII y XIX circularon libremente numerosas leyendas sobre estas criaturas mitológicas, conformando mitos tan completos y numerosos que influyeron definitivamente en el resto de tradiciones europeas.

Sobre todo gracias a la literatura gótica y los relatos de los irlandeses Bram Stoker y Sheridan le Fanu. Estas tradiciones siguen siendo reinterpretadas en la literatura y el cine actuales.. ¿Qué opinas?

VER TAMBIÉN ► Arcturianos: Vigilantes y Protectores de la Tierra que vienen de la Quinta Dimensión (Video)

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here