Los lugares de poder se conocen y se veneran desde la antigüedad, no en vano, en el neolítico, el hombre empezó a construir sus templos primigenios para obtener los beneficios energéticos de estos puntos tan especiales.

Incluso el antiguo hombre de las cavernas escogía lugares estratégicos de las cuevas y de la naturaleza para realizar rituales que bendijeran sus acciones.

Pero existen lugares más especiales que otros, en nuestro planeta existen verdaderos puntos de poder en donde medidores biométricos se disparan, confluyen líneas telúricas con una gran carga energética, y se respira una atmósfera especial que es capaz de sentir hasta la persona más incrédula.

La energía telúrica proviene de nuestro propio planeta. Es la energía planetaria que fluye hacia el exterior, y que mediante su confluencia con la energía que la Tierra recibe del fondo del cosmos, crean una especie de malla denominada líneas Hartmann, que junto con las de Curry, forman una retícula dividiendo la tierra como en una especie de parcelas.

Puntos positivos

Dentro de esta retícula formada por energías existen puntos concretos que nos resultan especialmente llamativos y que han atraído al hombre a realizar asentamientos y a sentirse bien.

Pero hay sitios en donde esta energía va mucho más allá, y es donde se han construido los mayores templos de peregrinación de la Iglesia Católica.

Puntos como el santuario de Lourdes, Fátima, El Vaticano… Y tantas y tantas iglesias y ermitas que se han construido en puntos estratégicos en donde se han tenido visiones de apariciones marianas..

O sencillamente de luminarias extrañas, que evidentemente, el catolicismo ha llevado a su terreno dándole a todos ellos un toque divino y celestial.

La realidad es que la aparición de esas luminarias extrañas son muy parecidas a muchos testimonios de avistamientos de ovnis o de seres extraterrestres.

Es especialmente llamativo que todos estos lugares tengan una especial importancia dentro de las líneas Hartmann, y que la Iglesia haya querido convertir estos lugares en centros de peregrinación, donde la gente acude desesperada y ora con toda su fe.

Se crea o no en la oración, se ha demostrado que si realmente se realiza con fe, desprendemos una energía especial con la que podemos llegar a sintonizar con el universo, convirtiéndonos en auténticas antenas receptoras del cosmos.

¿Sabe la Iglesia esto y se aprovecha de alguna forma de toda esta energía?

Puntos negativos

De igual forma que encontramos puntos positivos, también existen puntos negativos en los que a los seres humanos nos es imposible vivir. Estos puntos pueden llegar a hacernos enfermar, e incluso morir.

No se sabe a ciencia cierta porqué ocurre esto. Igual que en el caso anterior, los medidores de energía se disparan, pero esta energía nos resulta dañina.

Se le dio la explicación que podían coincidir con fallas o con corrientes de agua subterránea, pero sólo son conjeturas sin ninguna base probada.

En España, por ejemplo, uno de estos lugares, que es bien conocido por todos, es El Monasterio del Escorial. Felipe II lo consideró una auténtica puerta al infierno, y por ello hizo construir un lugar sagrado, para sellarlo y que nada mala pudiese salir de allí.

Pero no es el único caso, se han descubierto templos correspondientes a la antigua Bizancio, en los cuales se han encontrado grabados mostrando que el propósito de su construcción era la de sellar puntos “malignos” que generaban el mal a los habitantes de las tierras cercanas.

Qué no nos cuentan para esta construcción de templos

La Iglesia Católica se ha encargado de colocar estratégicamente sus templos en lugares de poder, tanto positivos como negativos, pero ¿con qué fin concreto?

Se trata de puntos altamente energéticos y que conectan directamente con una especial energía, ya que la alta vibración y la concentración de oraciones hace que estos lugares, ya potentes energéticamente de por sí, se amplíen, como una mega antena mandando señales a lo más profundo del cosmos.

Reitero, incluso los más incrédulos sienten una energía especial, por llamarla de alguna manera, que les invade cuando pisan estos lugares sagrados.

Todas esta serie de casualidades nos lleva a pensar que la teoría de que venimos de las estrellas ya la tiene clara el Vaticano, pero no nos lo cuenta… ¿Quizás porque la fe y el poder esté dentro de nosotros mismos, pero nos necesitan como antenas?

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Ana Escudero

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