La “Hipótesis de Paleocontacto” trata de una hipótesis basada en el análisis de antiguas escrituras y esculturas mesopotámicas en las cuales se atribuía a visitantes extraterrestres la transmisión de ciertos conocimientos que hicieron avanzar al hombre en momentos trascendentales de su evolución, como por ejemplo en el caso de la agricultura de explotación.

Sostiene, además, que las religiones se basan en el creacionismo alienígena, y en la influencia que estos seres ejercieron sobre nosotros.

Estas hipótesis tomaron fuerza y se popularizaron a través de autores como Erich von Däniken, J.J. Benítez, Robert K G. Temple, Peter Kolosimo, entre muchos otros.

Esta hipótesis de Paleocontacto, o “antiguos astronautas” sostiene que los antiguos humanos son híbridos creados por estos extraterrestres que nos visitaron, y que debido a su avanzada tecnología fueron considerados como deidades.

Se cree que enseñaron a los humanos primigenios parte de sus conocimientos, ayudándoles a crear grandes maravillas arquitectónicas y descubrimientos científicos, que no hubiesen sido posibles de otra manera.

Estas teorías se basan, entre otras premisas, en grabados, o en hallazgos, en los que existen artefactos totalmente anacrónicos, y que denotan una civilización mucho más avanzada de la que se correspondería con la época concreta.

A estos objetos se les denomina Ooparts, y no son pocos los encontrados.

Como por ejemplo, el famoso martillo de Londres, el cual se trata de un martillo que podríamos encontrar hoy en día en cualquier ferretería y que sin embargo, se encontró totalmente mimetizado en rocas de 300 millones de años.

O los “helicópteros” de Abydos, en los que se pueden observar artefactos voladores que podrían pasar por helicópteros de la armada, pero con la peculiaridad de que se encontraron grabados en un sarcófago del Antiguo Egipto.

Como se puede observar, no sólo se trata de casos aislados y de una zona concreta, sino de algo que se extendió a lo largo de todo el planeta, y a lo largo de muchos siglos, lo que nos lleva a la conjetura de que, o bien estos seres estuvieron con nosotros durante un largo periodo de tiempo, o bien nos visitaron en muchas ocasiones.

Pero esta teoría no sólo se basa en el hallazgo de Ooparts, sino en representaciones de seres extraños, bípedos, pero con una apariencia totalmente diferente a la humana, con mucha más estatura y atribuyéndoles capacidades divinas.

Resulta realmente sorprendente el parecido de grabados de la antigua civilización sumeria con divinidades egipcias, por ejemplo.

Y no sólo entre ellas. Todas las antiguas religiones se caracterizaban por su politeísmo, en el cual, a cada divinidad se le atribuían unas cualidades excepcionales y concretas.

No fue hasta la aparición de las religiones modernas como el judaísmo, el cristianismo, o el Islam, cuando empezamos a hablar de monoteísmo.

Aunque en estos casos, también encontramos a una especie de divinidades menores, como pueden ser los ángeles o los arcángeles, que tienen unas especialidades cualidades divinas, pero no los llegamos a catalogar como dioses.

Cierto es que existen casualidades a lo largo de todo el planeta que invitan a pensar que el ser humano evolucionó casi al unísono, y que realizó construcciones muy parecidas en sitios distantes que no tuvieron, aparentemente ningún contacto.

Por ejemplo, las construcciones megalíticas encontradas a lo largo del mundo y situadas de forma concreta emulando constelaciones; la forma piramidal, que, de igual forma que las construcciones megalíticas, estaban especialmente conectadas con las estrellas.

Mensajes escritos en piedra vaticinando eventos futuros que llegan incluso hasta nuestros días… Realmente se debe ser muy iluso para creer que todo esto es fruto de casualidades aisladas.

¿Dejaron por escrito que piensan volver?

Si tomamos en cuenta la paradoja de Fermi, y tomamos por ciertas las supuestas pruebas que nos dicen que ya fuimos visitados por extraterrestres, es sólo cuestión de tiempo que vuelvan a visitarnos.

Debemos tener en cuenta que el universo, del que forma parte nuestra galaxia, está en continuo movimiento, por lo que existen épocas (que son miles o millones de años luz) en el que ciertos puntos del universo se encuentran más cerca unos de otros, por lo que es probable que estos movimientos puedan ser aprovechados por esos seres que ya estuvieron aquí en su momento para volver, o, que quizás, estén ya presentes entre nosotros, o que nos estén observando.

Si nos remontamos a las antiguas escrituras religiosas, tanto como a los grabados de las antiguas civilizaciones, en todas ellas está escrito un génesis, o creación, y un final, o apocalipsis, en los cuales, estos seres que nos crearon, o nos ayudaron a prosperar, volverán a por nosotros, para que volvamos a formar parte del universo del que procedemos.

Incluso la religión Maya dejó por escrito, a través de sus calendarios y grabados, que los dioses volverán.

Aunque sus interpretaciones han sido muy controvertidas, no podemos negar, que todas estas coincidencias del descenso de los dioses, o los ángeles a la tierra, es coincidente en la mayoría de religiones del planeta.

En otras, las más cercanas a la adoración de Gaia, también se da por entendido que debemos volver a sentirnos parte de la naturaleza y esperar una transformación o elevación del espíritu. ¿Hacia dónde? ¿Hacia nuestros creadores?

Sólo tenemos que ver con cierta curiosidad las líneas de Nazca. Han estado allí miles de años sin que los ojos humanos fuesen capaces de verlas en todo su esplendor.

No fue hasta la invención de la aviación cuando pudimos observar la riqueza que este desierto escondía.

Existe mucha controversia alrededor de su construcción y de su porqué, pero en lo que sí coinciden infinidad de teorías es que tiene toda la pinta de ser un mega aeropuerto con pistas delimitadas de aterrizaje.

¿En aquella época? ¿Qué artefactos teníamos los humanos para poder aterrizar allí?

La respuesta, otra vez más, nos lleva a pensar en seres superiores que estaban aterrizando allí sus naves, y que quizás, sólo estén esperando a que nuestras galaxias vuelvan a acercarse lo suficiente para volver a utilizar sus pistas de aterrizaje. Aunque no sé si va a gustarles mucho lo que encuentren.

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Ana Escudero

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